El Piedrabot 19 diciembre, 2017

The Last Jedi, la última entrega de Star Wars, llegó precedida por grandes expectativas y, en fechas previas a su estreno, por las opiniones favorables y entusiastas vertidas por la crítica especializada.

Sin embargo, la película se queda a medias, no cumple mucho de lo que promete y estampa en la cara de los fans las expectativas creadas en el Episodio VII. Aún así, no es mala película y no es lo peor de la saga, honor que en mi concepto siempre corresponderá a ‘Attack of the clones’.

Lo malo

Veníamos de un Force Awakens decoroso. Es cierto, era un remake completo de la película original, que posteriormente sería conocida como A New Hope, pero planteaba interrogantes que prometían nuevos mitos, las cuales nos tuvieron en vilo dos años: ¿quiénes eran los padres de Rey? ¿Cuál es el origen de Snoke? ¿Por qué Luke Skywalker es tan importante y debe ser localizado a toda costa? Bueno, todos estos interrogantes fueron contestados en The Last Jedi con un contundente NO IMPORTA, NADA DE ESTO IMPORTA, NO ES TRASCEDENTE Y NUNCA LO FUE.

Ahora, una cosa es una vuelta de tuerca, un giro sorpresivo en la trama y otra cosa es engañar descaradamente al espectador con preguntas que explícitamente se plantean, por lo menos en el caso de los padres de Rey, para después sorrajarte un “eso no es importante”.

Estamos ante la segunda parte de la trilogía conclusiva que todavía no alcanza a crear su propia mitología; por más que se diga que las precuelas son malas (que lo son, salvo por Revenge of the Sith) se generó a un Darth Maul (Maul a secas para los puristas) a los CloneTroopers (estos últimos más desarrollados en la serie animada de Clone Wars) y se fortealeció la imagen de brillante estratega y poderoso Lord Sith que fue Darth Sidious/Sheev Palpatine.

Y lo que se supone que es un pase de bandera, un cambio de generación, se convierte en una total falta de respeto para los personajes originales. Sí, es cierto que eso se veía venir desde ‘Force Awakens’, donde se supone que la Galaxia lleva 30 años de paz, pero nosotros lo que vemos es un escenario idéntico a la tiranía del Imperio que, se supone, había terminado con su derrota en ‘Return of the Jedi’, con nuestros héroes avejentados, pero no más experimentados, como si no hubiese trascurrido el tiempo.

Es aquí donde se encuentra toda la falla de la película. No en la intrascendencia de Poe Dameron y Finn (Finn es tan intrascendente que todavía puedes encontrar su muñeco jumbo a 35 pesos en las jugueterías de los centros comerciales), si eliminamos sus escenas no pasa nada y por el contrario, la película sería más agradable. Tampoco en la opacidad de Phasma, a millones de kilómetros de Boba Fett, sino en lo derrotados que lucen los hermanos Skywalker y la nula importancia de esta familia, cuya historia se supone es la base de Star Wars, pero no; ahora resulta que la protagonista es una Mary Sue cualquiera, una chica salida de la nada, hija de unos alcohólicos que la vendieron a un chatarrero y a quien Ren le dice en su cara : “no tienes lugar en esta historia”.

Luke está exiliado, por voluntad propia. Nunca sabremos porque era tan importante para Snoke encontrarlo por que bueno, Luke ha muerto. Y Snoke también, sin que hasta el momento sepamos como es que se acercó a Ben Solo y dónde estuvo durante los eventos de la trilogía original o incluso antes.

Pero es Leia quien merece toda una reflexión aparte; sabíamos por los spoilers que iba a estar en coma, pero de todas las formas posibles de inducirla eligieron la peor. De lejos la Leia voladora, Leia Poppins, Leia Peter Pan, como gusten llamarla, es la peor escena que he visto jamás en una película de Star Wars y que más pena ajena me ha dado, en ese momento pensé que estaban matando la película. Y no, no muestra lo poderosa que es Leia, muestra un intento ridículo por hacernos creer que la Fuerza es poderosa en ella, cuando ni Yoda practicando el Ataru llega a esos niveles de vuelo, peor Leia se da el gusto de incluso volar extendiendo el brazo, imitando a Superman, dirigiéndose al ridículo.

Lo bueno

Y aún así, la película se salva por que acepta los pecados cometidos en las entregas anteriores y por un detalle extra. Luke Skywalker reconociendo todos los fallos de la orden Jedi es una expiación de todas las precuelas. Lo dice sin miramientos, describiendo lo que todos los fans sabemos. La poderosa orden Jedi dejó que Darth Sidious los manipulara a su antojo y ella misma prohijó a su ejecutor, Anakin Sakywalker. Eso solo se explica por la soberbia y estupidez, peor no solo de los Jedi, sino de quienes concibieron esa trama (los guionistas pues).

Pero lo que por un momento engrandece a la cinta y se convierte casi en un merecido y conmovedor homenaje es cuando Luke recuerda que él mismo fue una leyenda, y aquí es donde todo se vuelve más personal, porque ya no se sabe si el que está hablando es Luke Skywalker, Maestro Jedi, o Mark Hamill, el hombre que le da vida.

Con la conclusión de la trilogía original de Star Wars se esperaba que Mark Hamill fuera la siguiente super estrella, pero nunca llegaron los papeles estelares para él (a diferencia de lo que sucedió con Harrison Ford) porque no podía desligarse de Luke; aunque afortudamente el mero trascurrir del tiempo lo ha posicionado como todo un actor de culto y la voz de uno de los mejores Joker de Batman (el de las series animadas)

Así pasa también con el Maestro Jedi Luke Skywalker, ser él mismo fue lo peor que le pudo suceder. No logró reestablecer la orden Jedi, no pudo ser un buen maestro y, para los que conocemos el universo expandido, no logro ligarse a Mara Jade.

Y con todo eso, Luke Skywalker, el hijo de Darth Vader, el Maestro y último de los Jedi, en su postrera batalla logra perdonarse a sí mismo los fracasos cometidos y rescatar otra vez a sus amigos, convirtiéndose, al igual que Hamill, nuevamente en leyenda.

Si bien he dicho que hasta el momento la secuela (Episodios VII y VIII) no ha logrado establecer su propia mitología, Kylo Ren sí muestra avance y desarrollo. Dentro de la narrativa del Episodio VIII, Snoke le dice en la cara lo que todos los fans pensamos de él “no eres más que un niño berrinchudo con una máscara” y, al contrario de la mayoría, creo que Adam Driver redimensiona a Kylo Ren y lo convierte en un poderoso usuario del lado oscuro de la Fuerza, digno heredero de Darth Vader, sin la necesidad de la máscara.

Conclusión

Y esto me da pie para señalar lo que creo, es la mayor virtud de la película: la relación entre Kylo Ren y Rey. Es innegable la química que despliegan en pantalla Adam Driver y Daisy Ridley, tanto en las escenas de diálogos como en combate; sí, sus escenas en la nave de Snoke parecen calca por momentos de Luke y Vader en Return of the Jedi, pero le imprimen la dimensión emotiva a la película y al final son ellos la nueva generación, por más que me hubiera gustado que se tratara con más respeto a sus predecesores

Por eso es que, a pesar de todas sus fallas, esa química tan humana, que ya me hubiera gustado ver entre Padme y Anakin, es la que evita que The Last Jedi fracase y me permite tener una chispa de esperanza en el Episodio IX.

Los padres de Rey, alcohólicos explotadores de menores, son un mejor origen que los midiclorianos, esperemos que los discípulos de Luke a los que Kylo se llevó sean los olvidados Caballeros de Ren y por último ni un nuevo stormtrooper y no, los guardias pretorianos de Snoke no cuentan como troopers.

Calificación 7/10